Esa risa desenfadada y natural;
esos labios pegados a tu oreja que se funden en un susurro envuelto en aire
caliente, un susurro que te eriza los pelos de la nuca. De nuevo vuelve a reír.
Se aleja, salta, se contorsiona al estirarse una vez levantada de la cama y emite
un pequeño gemidito mientras lo hace. Qué guapa está sonriendo delante de la
ventana, a contraluz. Lleva el pelo recogido en un moño, con unos cuantos
mechones sueltos y ondulados que caen a los lados de la cara y sobre los
hombros, y sólo unas braguitas marrones y una camiseta de tirantes del mismo
color cubren su cuerpo tan frágil, tan suave, tan perfecto. Son más o menos las
4 de la tarde de un día de julio. Acabamos de levantarnos de la siesta y ha
sido el mejor despertar de mi vida. Esa risa desenfadada y natural; esos labios
pegados a tu oreja que se funden en un susurro envuelto en aire caliente, un
susurro que te eriza los pelos de la nuca... La quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario